Hablar de comunicación y democracia puede parecer una redundancia, ya que ambos conceptos son complementarios e inseparables. Dominique Wolton (1995) considera que no pueden vivir la una sin la otra [1] . La comunicación es inherente a los regímenes democráticos porque sólo a través de la primera, puede exigirse el cumplimiento de los postulados de libertad e igualdad para todos los ciudadanos. Y es que, para que un elector puede ejercer su derecho de sufragio con absoluta libertad, necesita de una reflexión sobre la información que recibe, sin que ésta previamente haya sido limitada. Por lo tanto, esta libertad para pronunciarse sobre aquellas materias sometidas a consulta popular, constituye el derecho clave de toda sociedad democrática y se concreta en el momento del ejercicio del voto, si bien para ello, el elector necesita contar de antemano con la información necesaria para expresar su voluntad.
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